La ceremonia terminó pulcramente y sin contrariedades. Con excepción de los guantes manchados de rimel, de la madrina, que junto al largo collar de perlas destacaban notablemente sobre su traje de terciopelo negro. Y la voz de la novia al tartamudear repitiendo la palabra: Filelelelidad
Del banquete no hubo ninguna queja. Todo el que quería podía repetir hasta la saciedad. E incluso, se sirvieron los chuletones a gusto de cada consumidor: muy, poco o medio hechos. La sobremesa no fue muy larga y enseguida se comenzó el baile. Los novios solo se quedaron al primer vals y al rock and roll que solicitaron a la orquesta porque era su pieza favorita. Luego, se fueron rápidamente para cambiarse en sus casas antes de coger el avión.
El vuelo les transportó sin incidentes. Cuando el taxi se detuvo ante el hotel el botones se acercó para cogerles las maletas.
-¡No! Deje, que las llevamos nosotros-dijo la joven.
-¿Cómo que las llevamos nosotros? ¡Qué las lleve él que es su trabajo!
-¿Después de cargar con ellas por todo el aeropuerto, vamos a pagar ahora porque nos las lleven dos metros o tres por el hotel?-protestó ella.
-¡Cállate la boca! Y no hagas que quedemos como unos palurdos.
La disgustó que la tratase así. Aunque, estaba tan feliz y tan fascinada, por lo que veía, que no quiso darle importancia. No pensaba permitir que ninguna discusión enturbiase aquel momento. Pero, tampoco podía reprimir sus expresiones de admiración.
-¡Esto es precioso! ¡Esto va a costarnos un huevo! ¿A ver si no vamos a tener para pagarlo?
-¡No seas cateta, qué me vas a dejar fatal! Ya está pagado todo-dijo irritado el joven, y añadió preocupado por si alguien dudaba de su solvencia-con el mi sueldo puedo permitírmelo perfectamente- Luego se acercó al mostrador de recepción y se dirigió al empleado-Venimos a la suite nupcial reservada a nombre de Tino y Carlota.
-¿Carlota? ¿Cómo se te ocurrió ponerme Carlota? Sabes demás que me llaman Carla. ¡No me esperaba eso de ti!
-¡Idiota! ¿No pone Carlota en tu carné de identidad? Lo puse así por si te lo pedían.
-Lo pone así porque se equivocó el tipo del registro ¡Qué mis padres querían ponerme Carla! ¡Y, que yo sepa, en el tuyo no pone Tino pone Faustino! ¡Eso, bien que lo has modificado! ¿O es que para ti hay una ley y para mí otra?
-Por favor no se preocupen-dijo el recepcionista-Tengo aquí su reserva señor Tino y señora Carla.
-¿Ves? Eso ya me gusta más. Vaya guapo que es todo esto. ¡Nunca vi nada tan guapo!
-¡Claro!-dijo el acompañante-Jamás había salido de su pueblo. Yo, ya estuve aquí hace dos años, cuando jugó el Sporting.
-Entonces no hará falta que le entregue estos folletos con las zonas turísticas de más interés y un mapa. Ya lo conocerá todo.
-Bueno, conocer lo que se dice conocer, no lo conozco nada. Solo estuvimos en el estadio y luego en la cafetería cogiendo una mangada para consolarnos. ¡Armamos una buena! Pero casi no causamos desperfectos, y los que hicimos los pagamos bien y…
-Comprendo-le cortó el recepcionista, sin poder evitar una ligera mueca de menospreció y una sonrisa de compasión a la chica, quien fue la única que supo captarlas.
Después de terminar los trámites, en el registro del hotel, les entregó la llave. Se fueron, a deshacer las maletas, muy ilusionados. A Carla le fascinaba toda la decoración y las vistas. Observaron que la playa no estaba muy lejos y como todavía les quedaban varias horas de sol decidieron ponerse el bikini y el bañador e ir a descansar en la arena hasta la hora de cenar. Carla, en cuanto llegaron, sacó su bronceador de máxima protección. Sabía por experiencia: que si no lo usaba se quemaría su delicada piel.
-¡Ahora, te toca a ti! Qué tú también eres muy blanquito y te puede pasar como a mí, cuando voy al río en verano, que siempre termino como un tomate. ¡Y no veas lo que escuece luego!
-¡Eso son tonterías de muyeres! A mí no me vengas con mariconadas, que los hombres no usamos esas bobadas. ¡Y déjame dormir, que esta noche vamos a tener mucha actividad!
No quiso insistir para no volver a entablar discusiones. Pero, cuando vio que se había dormido abrazado a ella y que su piel empezaba a enrojecerse, le quiso untar un poco de bronceador con mucho cuidado para que no se enterase. Justamente en ese momento él se dio la vuelta y tropezó con el frasco. Se puso tan furioso que casi la golpea. Aunque se limitó a insultarla y darla un empujón. Ella no pudo evitar que las lágrimas acudiesen a sus ojos. Se consoló respirando profundamente la brisa que venía de la mar y enseguida volvió a sonreír tratando de convencerse de que no había pasado nada. Y que seguramente que en cuanto se fijase en lo bonito que era el paisaje y lo afortunados que eran de poder disfrutarlo, que volvería a besarla, tratarla bien y tener buen humor.
El cielo se había vestido de cálidos colores cuando él se despertó de la siesta y rompió la magia del momento lanzando un sonoro grito a la vez que empezó a quejarse y a blasfemar de continuo. No quiso vestirse y se volvió al hotel envuelto en la toalla sin parar de protestar. Carla guardó la ropa en el capacho y no insistió apenas en animarle a que se pusiese la camiseta y los pantalones. Él se sintió abochornado cuando entraron en el vestíbulo y la pidió que fuese a por la llave de la habitación.
-¿Cómo tengo que pedirla? ¿Habrá que pagar algo para que me la den o me la dará gratis?-Preguntó muy preocupada.
-¡Estúpida! Solo tienes que pedir la llave de la 507. Y no hay que pagar nada. Así que no vuelvas a hacer el ridículo.-Dijo su marido enfadado.
-¿Cómo te atreves a decir que yo hago el ridículo?-Dijo furiosa-¡A mí me parece que el único que está haciendo el ridículo eres tú! Que vas envuelto en una toalla, lleno de arena y colorado como un cangrejo. Y seguro que si les pregunto a todos estos que pasan por aquí que opinarán lo mismo. ¿Quieres que haga la prueba?
-¡No, no, cariño! Perdona, es que…, ésto, me duele tanto, que estoy muy nervioso.
Cuando llegaron a la habitación la pidió que bajase a buscar una farmacia de guardia y que no parase hasta conseguir una pomada o algo que le aliviase los escozores que padecía. Ella preguntó, al primer empleado que vio, para ver si podía ayudarla.
-¡Oye, tú! El de las maletas. ¿Sabes donde puedo encontrar una farmacia de guardia?
-No le sé decir. Pregunte en recepción.
Se dirigió al recepcionista y le repitió la pregunta.
-Si, hay una farmacia de 24 horas a unos diez minutos de aquí. Salga a la izquierda y a la altura del Fish food cruce la calle, siga recto hasta el Irish Pub y luego tuerza hasta la Fashion Boutique. Justamente enfrente la encontrará. Es que no me sé el nombre de la calle. Pero, no tiene perdida.
-¡Dios mío, que lío! No le he entendido nada de los nombres que me ha dicho, solo que vaya a la izquierda, luego siga recto y luego tuerza-dijo moviendo los brazos en sentido contrario a como la indicaban, haciendo que el recepcionista no pudiese evitar la risa y se compadeciese de ella.
-Mira, aquí viene mi relevo. Si esperas a que me quite la chaqueta del uniforme te puedo acompañar.
No tardó ni cinco minutos. Venía con una cazadora vaquera, de color claro, que hacía juego con sus ojos. Fue en ese momento cuando ella se dio cuenta de que además de ser bonitos eran muy expresivos. Empezó a contarle sus problemas como si le conociese de toda la vida, y terminó contándole hasta sus defectos y frustraciones. Su confianza era tan contagiosa, que antes de llegar a la farmacia se pararon varias veces y él también le contó un resumen de su vida y de sus problemas. En lugar de despedirse cuando llegaron a la tienda, la volvió a acompañar hasta el hotel. Sabía que estaba inflingiendo la prohibición de intimar con los clientes, pero nunca se había sincerado así con nadie, y le hubiese gustado continuar la conversación. Hasta sintió una punzada de frustración al recordar que estaba casada y que no podía proponerla una cita.
Carla no pudo dormir en toda la noche, pues los quejidos de Tino se lo impedían, a excepción de un pequeño sueño fruto del agotamiento. Se despertó muy turbada, pues había soñado que su marido era el recepcionista y que habían tenido una muy satisfactoria noche de bodas. Lloró al comprobar que la realidad no tenía nada que ver con lo soñado.
Por la mañana Tino estaba tan repugnante como la noche anterior. La pomada apenas le aliviaba durante breves instantes y volvía a sentirse fatal. Discutía por todo, y comprendió que la única manera de que Carla no le terminase aborreciendo definitivamente era que le dejase solo y se fuese a la playa o a pasear. Ella se puso tan contenta cuando se lo propuso que hasta le abrazó dispuesta a darle un beso, pero al oírle chillar, se separó rápidamente y se lo tiro con la mano. Se fue muy deprisa por si acaso se arrepentía y la pedía que se quedase a acompañarle.
Tenía tan mal sentido de la orientación que ya no se acordaba del camino hacía la playa. Se acercó a preguntar en el mostrador de recepción. Para su sorpresa, Javy que comenzaba su turno de desayuno se ofreció a acompañarla. Su intención era solo indicarla el camino, pero se liaron hablando, y al final, ella le invitó a compartir los panecillos con caviar y salmón que Tino no quiso cenar.
-¡Mi pobre Tinín, que mal lo estará pasando!-Repetía a cada momento.
Por la tarde volvió a ir a la playa. Curiosamente, la volvió a acompañar el recepcionista. Pero, en ésta ocasión no fue tan casual la coincidencia. Él se imaginó que volvería a salir sola y no quiso ir a merendar hasta que la vio aparecer.
Los siguientes días se sucedieron de la misma manera. Hasta el jueves en que Tino ya estaba mejor y fue él quien acompañó a Carla a tomar el sol. Tampoco quiso untarse bronceador, pues se le había metido en la cabeza que una vez curadas sus quemaduras ya estaba curtido e inmunizado contra los rayos del sol. Por lo que a la hora de comer tuvo que regresar al hotel envuelto en la toalla, quejándose y blasfemando, como el día de su boda. Además, se enteró de que los días anteriores ella había estado acompañada por el recepcionista. Se puso tan encolerizado que la pegó un puñetazo y la hubiese pegado más si no hubiese tenido tan dolorida su piel.
-¡O sea! ¿Qué mientras yo me moría de dolores tú estabas ligando con un desconocido?
-¡Ni estaba ligando, ni era un desconocido! Tú le conocías tanto como yo. Y si no fuese por él, no hubiese encontrado la farmacia y no te hubieses curado de tus quemaduras.
El golpe la había dejado la cara magullada, y por más que intentó disimularlo con maquillaje no pudo. Cuando la vio Javy quería llamar a la policía, para poner una denuncia, pero ella le convenció para que no lo hiciese. Sabía que si le veían abrazarla que podrían despedirle, pero no pudo rechazarla y la correspondió a su abrazo. A continuación llamó a su compañera para que viniese a sustituirle, ofreciéndola cambiarle el turno por el del sábado. Ella no se hizo de rogar y se presentó al instante.
Estuvieron paseando por los acantilados y él la enseñó la gruta donde se refugiaba, para ir a pensar a solas, cuando tenía algún disgusto. Caminaron hasta el anochecer, y como ella tenía miedo de volver al hotel y ninguno de los dos tenía sueño, se pasaron la noche hablando en un pub. En su interior ambos hubiesen deseado compartir más intimidad, pero ninguno consideró oportuno manifestarlo. Él pensaba que sería como aprovecharse de su debilidad. Ella, que no sería correcto por su parte, pues todos los familiares y conocidos la echarían la culpa de que su matrimonio hubiese fracasado tan rápido. Pensaba pedir la anulación, ya que el matrimonio no se había consumado, y solo tendría fuerzas para proponerlo si se mantenía con la conciencia tranquila.
Al amanecer se fueron a desayunar para recobrar fuerzas. Javy insistió en acompañarla a recoger sus pertenencias al hotel y ella no se negó. Temía que Tino la volviese a pegar, pero, en el fondo la daba pena y no quería meter en el asunto a la policía a no ser que fuese inevitable.
Tal como esperaban que sucediese, Tino se puso furioso al verles. No cambió de actitud hasta que le hicieron razonar.
-¡Serás zorra! ¿Cómo te atreves a venir aquí con ese chulo macarra? Dijo levantando la mano en actitud de querer abofetearla.
-¡Tranquilo y sin insultar! Si no quieres que llame al servicio de seguridad del hotel y a la policía. Hemos venido por la de buenas para evitar un escándalo. Pero, si lo prefieres, no dudaré en llamarlos y que te obliguen a razonar a la fuerza. Ni ella es una zorra, ni yo soy nada de lo que has dicho. Yo solo quiero ayudarla como ayudaría a cualquier mujer maltratada por un machista. Si le das por la de buenas el billete, yo la llevaré al aeropuerto y avisaré a sus padres para que vayan a recogerla a la llegada discretamente. Luego, ya se arreglará todo pacíficamente.
Durante unos minutos Tino blasfemó, insultó y no prestaba mucha atención a lo que le decían porque estaba fuera de sí. Empezó a razonar cuando vio que Javy cogía el teléfono y empezaba a marcar números. Le impidió hacer la llamada pero le acercó el billete de avión y los dejó marcharse diciendo que no quería verla a su lado ni que le volviese a hablar jamás.
Con lágrimas contenidas se despidió en el aeropuerto Carla. Prometió que en cuanto solucionase sus problemas volvería. Él también tenía húmedos sus ojos. La aseguró que si no regresaba antes de que terminase el año iría a buscarla.
Mar Cueto Aller
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