Disfrutaba trazando rayas. También se deleitaba escribiendo números y letras. Tenía costumbre de anotar cuanto pensaba. Su entorno estaba lleno de papeles. Sobre la mesita había cuadernos para anécdotas, sueños y cambios biológicos. En la cocina nunca faltaban libretas de recetas e inventarios. Sus estanterías tenían índices de: discos, libros, películas, manuales y catálogos. Guardaba celosamente sus impresiones. Inventó una clave para que nadie entendiese sus escritos.
Los datos empezaron a perseguirla. Se amontonaban revoloteando sobre su cabeza. A veces la golpeaban. Incluso oprimían su pecho.
Siempre habían ridiculizado su necesidad de dejar constancia de cuanto la rodeaba. No quiso compartir con nadie sus inquietudes. La encontraron sobre un lecho de inmaculadas hojas blancas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario