sábado, 30 de octubre de 2010

EL REECUENTRO


“El reencuentro”

La limusina blanca se detuvo justamente ante la entrada del Hotel Plaza. El chofer abrió la puerta y ayudó a la joven a salir del vehículo. Lo hizo lentamente con parsimonia estudiada. Se colocó en la cabeza, estratégicamente, la negra pamela que llevaba en la mano. Hacía juego con: los zapatos, el bolso y las gafas de sol. Su ajustado traje, color azul turquesa, la tapaba hasta la rodilla descubriendo parte de sus admiradas piernas. Caminó con paso firme y seguro, como quien está acostumbrada a ser el blanco de todas las miradas, bajo el largo toldo que conducía hasta la entrada. El portero con su gorra de plato y su colorido uniforme lleno de dorados adornos intentó saludarla. Aunque solo llevaba un año ocupando ese puesto, estaba acostumbrado a dirigirse con deferencia y distanciamiento a todos los clientes del hotel. Sabía que la mayoría eran: estrellas de cine, divas famosas, políticos de fama internacional, aristócratas, banqueros y gente de la jet-set. Nadie conseguía realmente impresionarle. Pero, esta vez, se había quedado casi sin habla.
-¡Jhonny, eres tú! Casi no puedo creerlo. Cuanto tiempo sin vernos. Anda, no seas rencoroso, dame un abrazo…-Dijo la muchacha a la vez que tomaba la iniciativa para abrazarle.
-¡No puedo, estoy trabajando! Si me ve mi jefe, me despide en el acto. Entre otras cosas, porque se moriría de celos. ¡Estás preciosa! ¡Más guapa que nunca!
-¡Tú si que estás imponente! Sigues siendo el chico más guapo del Monroe High College. ¿Cómo tú por aquí?
-Es muy largo de explicar. Ahora no es el momento. Aunque daría parte de mi vida por volver a tomar unas birras contigo, que me contases que ha sido de tu vida desde hace dos años y explicártelo todo.
-¡Pues, aquí tienes mi tarjeta! Ahora tengo que subir a mi habitación y después a las sesiones de maquillaje y peluquería. Por la tarde, tengo que ir a la 5ª avenida a desfilar en la carpa de la Bryant Park, pues comenzamos la New York Fashion Week. Pero, en cuanto termine el desfile y me pueda zafar del cóctel te llamo. Déjame tu numero y cuenta conmigo. ¡Ya sabes que no admito un no por respuesta!
Ella empezó a recordar la primera vez que le conoció en el barrio. Cuando tenía siete años y Fanny se había burlado de sus coletas rubias como siempre hacía. Nunca habían pasado desapercibidas entre tanta gente de pelo negro. Para bien, o para mal, habían sido su signo distintivo desde que tenía uso de razón. La niña, movida por la envidia, solía llamarla “pelos de rata” cuando veía que alguien alababa aquella cabellera. A Lisy siempre la había molestado, pero, se aguantaba con estoicidad. Aquél día, al hacerlo delante de Jhonny, no lo pudo soportar. Se acercó a ella y agarrándola su crespo cabello tiró de él con todas sus fuerzas.
-¡Ya estoy harta! Ahora la que va a tener pelos de rata vas a ser tú. Porque si vuelves a llamarme así, te los voy a arrancar todos. ¡Está claro!
Fanny se había ido llorando a contárselo a sus dos hermanos, quienes llegaron corriendo a defenderla. Lisy, no tenía hermanos a los que poder recurrir. Pero, entre ella y Jhonny, que había presenciado toda la escena sin conocerla, dejaron caos a los tres.
Él, por su parte, se puso a recordar la última vez que se habían visto. Cuando le dijo que estaba harta de aquél maldito barrio y que pensaba irse. No creyó que lo decía en serio. Pensó que se trataba de uno de sus dichosos berrinches. Que lo que había entre ellos sería eterno. Ni siquiera podía creérselo cuando pasaron las semanas y vio que no daba señales de vida. La buscó por todas partes. Terminó dejando los estudios y trabajando de camarero. Pensaba, que después de todo, no le había ido tan mal. Siempre había tenido don de gentes. Estaba contento con el trabajo que desempeñaba ahora. Para un joven del Bronx, no estaba mal. Claro que no llegaría nunca tan alto como Lisy. Ella si que había tenido siempre altas aspiraciones. Nada ni nadie podía detenerla cuando se le metía algo entre ceja y ceja.
Aunque no hizo ninguna llamada, pues temía que Lisy ya no fuese la misma y en el fondo no quisiese saber nada de él, ella preguntó en el hotel y le invitó a tomar un café. Estaba tan contenta de verlo que no pensaba renunciar a su amistad por segunda vez. Ahora que sabia donde estaba, pensaba que ya nada podría separarlos.
-¿Porqué no me llamaste? No tenías ganas de verme y de que te contase por qué estoy aquí. ¿Qué hice en estos dos años, y todas esas cosas?
-¡Me moría de ganas! Pero, pienso que ahora que eres una top-model no te interesa que te vean con alguien como yo.
-¡Ja, ja! No me hagas reír, yo no soy una top-model, solo soy una modelo que ha tenido suerte y hoy luce la ropa de un buen modisto, porque está sustituyendo a otra modelo que está enferma. Ya sabes, la anorexia hace estragos en algunas chicas. Pero, lo más seguro es que mañana vuelva a desfilar en almacenes de Pret a porté. Además, a mí no me gusta esta vida. Que por otra parte, suele ser muy corta. A las modelos enseguida nos remplazan por otras más jóvenes. Yo lo que quiero hacer es ver mundo. Viajar por todos los países interesantes y exóticos que hay. Luego, me dedicaré a escribir historias sobre ellos. Esa es mi verdadera vocación.
-¡Sigues pensando igual! No me lo puedo creer. Como siempre te dije: eso es un sueño, y los sueños nunca se realizan. Hay que tener los pies sobre la tierra. Yo me conformo con tener una casa, encontrarte en ella todos los días cuando llegue de trabajar y tener dos niños. Una niña tan bonita como tú y un niño tan fuerte como yo, pero mejor estudiante. ¿No te parece que es lo mejor que se le puede pedir a la vida?
-Eso lo puede hacer cualquiera. A mí, eso no me llenaría. No quiero pasarme la vida en esta ciudad. Existe algo más. Quiero aprender idiomas. Ver países donde las costumbres son totalmente distintas. Donde cada día es diferente. Donde uno jamás se aburre. Y lo mejor de todo, es que luego lo puedes mejorar con tu imaginación. Inventarte historias sorprendentes. Vivir vidas increíbles. Tú también puedes hacerlo. Ahora te has descuidado un poco. Pero si haces ejercicio y te cuidas enseguida podrías trabajar también de modelo. Solo hasta que consigamos dinero para dar la vuelta al mundo. Después los dos podríamos dedicarnos a escribir. Sería maravilloso.
-¡No! Yo no he nacido ni para viajar, ni para escribir. Lo de escribir es un don que yo no poseo. Tú puede que si. Si eso es lo que quieres, sigue adelante. Yo tengo una chica, una mujer sencilla que solo aspira a lo mismo que yo. Si tú quieres, podría dejarla. Preferiría verte a ti, cuando llegase a casa. Que mis hijos se pareciesen a ti. Pero, que te dejases de esos sueños y esas fantasías que no conducen a nada. No es necesario viajar para ser feliz. ¡Yo no soy como tú, no soy tan aventurero!
-Pero si yo no soy aventurera. Claro que no es necesario viajar. Pero, es lo mejor en lo que se puede emplear el tiempo y el dinero. No hace falta que nos pasemos años viajando. Solo necesitamos conocer gentes y cosas interesantes. Eso también podemos hacerlo aquí. Luego viajaremos con la imaginación. Eso si que es necesario. Si no lo hiciese me volvería loca. Pensaría que la vida no vale para nada. No soporto la vulgaridad. ¿Quieres una vida vulgar? ¡Pues, no cuentes conmigo!
Se besaron y se separaron. Ninguno de los dos podía imaginarse que pasados treinta años volverían a encontrarse en la puerta del Hotel Plaza. Ella ya no viajaría en limusina blanca, lo haría en su ford de segunda mano. Ya no despertaría pasiones con su imponente físico. Lo haría con sus originales historias desarrolladas en lejanos países. El premio que acudiría a recoger no tendría gran valor monetario. Pero la produciría un cosquilleo de satisfacción saber que al menos al jurado de aquél certamen literario le habría gustado su pequeño relato. Él no podría quedarse a presenciar toda la entrega de premios. A las ocho tendría que cenar con todos sus familiares para celebrar el primer cumpleaños de su segundo nieto.

Mar Cueto Aller

3 comentarios:

  1. que bonita historia...lamentablemente las relaciones humanas en esta época industrial son así de vacías...hay mucho camarero y chico del bronx por ahí...te animo a que sigas escribiendo...saludos.

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