Corría por los verdes y empinados senderos. Las manzanas, las patatas, todo era delicioso. Íbamos a las ferias. Nos sentábamos bajo el sauce a conversar y reír. Aprendí a amar mi pueblo. Al crecer, llegaron las reconversiones. Cerraron las minas. Las peleas destruyeron los chigres. La ley oprimió a los agricultores. Las autovías aislaron a los vecinos. El río baja sin agua. Desapareció la energía. Nadie ofrece solución. Haremos las maletas. Buscaremos alternativas. Iremos en busca del mar, el aire y el sol.
Hoy hace un día precioso. Debería ir a la playa a tomar el sol. O al campo a recoger plantas para las infusiones ¡Qué ya no me quedan! Primero terminaré de leer la novela. A ver si el idiota del detective descubre quien es la asesina. Esta cerveza ya está caliente. ¡Ay! Si ya es la hora de la serie de ciencia ficción que tanto me gusta. Aunque las maquetas son horribles. Parecen de plasticucho malo y te distraen del argumento. Yo las haría de arcilla y las pintaría con colores metalizados. Ya está sonando el móvil. ¡Anda! Me olvidé de que había quedado para ir de compras. Pues, ya son las nueve. ¡Maldito sillón! Siempre me pasa igual.
Cuando empezó a trabajar era aún adolescente. La primera semana pagó formalmente sus tickets del metro. Luego, se juntaba con dos amigas que iban en la misma dirección. Por la mañana, sacaba un billete de ida en las maquinas. Al regreso, se lo daba a sellar del revés a la taquillera. De tarde, se turnaba con ellas para utilizarlo mientras entraban los tres unidos al pasar el engranaje de control. Por el trayecto se reían a carcajadas y bromeaban sobre: clientes, compañeros o amigos. Escandalizan a los demás viajeros. Cuando volvía solo, se entretenía doblando el billete. Un día, pasó el interventor y se lo pidió. Se puso pálido. Ajustó el nudo de la corbata y palpó sus bolsillos. Le entregó una pequeña pajarita de papel. Los pasajeros que le conocían murmuraban esperando una regañina. El empleado solo dijo: "Su ticket, gracias".A la vez que le devolvía la figurita de papel. Desde entonces, viaja siempre en autobús.
Basado en la canción de Nina Simone My baby just cares for me
Mi chico es único. Es de los que ya no hay. No le interesan los lujos ni las apariencias. Me regala flores. Me escribe poemas. Me hace soñar. Nos encanta el cine. Me cuenta las películas que no puedo ir a ver. Las estrellas, para él, solo son personajes. Siempre está rodeado de mujeres. Pero, me guarda fidelidad. Casi nadie puede comprenderlo. Solo nosotros sabemos el ¿Por qué?
Siempre en la misma mesa., mismos compañeros e idénticos comentarios. Hacíamos apuestas sobre lo que haría a continuación. Y nos reíamos invariablemente cuando azotaba la ficha sobre la mesa gritando: ¿A qué no te lo esperabas? O ¡Me doblo a pitos! Al no verle, preguntamos al camarero: ¿Se ha retrasado Don Puntual? ¡No! Ya no volverá. Dijo cabizbajo. Se nos heló la sonrisa. Todos nos preguntábamos en silencio: ¿Qué será ahora, a partir de las nueve, de este bar?
“El agua de un riachuelo rompe piedras. Una sucesión de besos puede desgastar el más duro mármol. Los juncos aguantan mejor la tempestad que los robustos árboles” Proverbio budista.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Espíritu adolescente
(Basado en la canción de Nirvana “Smells like teen spirit”)
Siempre me están diciendo que soy entupido y contagioso. Será por eso que me siento así. Pero, que tengan cuidado porque en la oscuridad, con mis amigos y con las pistolas, todo es divertido y menos peligroso. Hasta ella que se siente muy segura de sí misma, corre peligro. Los albinos, los mulatos, los mosquitos todos corren peligro. Puedo liarme a tiros con todos. Seguir tocando con mi grupo, o tirármela. Soy el peor de todos. Todo lo hago mal. Aunque me divierto. Con las luces apagadas puedo hacer lo que quiero. No tengo miedo de nadie. Aún soy menor de edad.
¡Dios! ¿Porqué a ella? ¿Porqué a una persona tan inocente? ¿Pero si la pobre criatura nunca había hecho daño a nadie. Siempre estaba dispuesta a ayudar. Ayudaba a su amiga a entender los quebrados y a plantear las ecuaciones. A su padre a cortar leña y a encender la chimenea. A mí a cocinar y a regar las plantas. Ayudaba a todo el mundo, nunca hacía daño a nadie ¿Porqué la ha tenido que suceder esto…?
¡La culpa ha sido mía! Yo fui quien dejó la caja delante de ella sin pensar que sería una tentación. ¡Dios, que desgracia! No se me ocurrió que se apresuraría a hacer los deberes para terminar antes de que yo llegase. ¡Si pudiera volver atrás!
Quisiera poder recordarla como cuando reía a carcajadas con su contagiosa risa. O cantando con su alegre voz mientras jugaba con sus amigas. ¡Pero, no puedo! ¡No puedo! Nunca podré quitarme la imagen de su cuerpo bajo las tablas y el enrojecido manual de instrucciones cubriendo su cabeza.
Mar Cueto Aller
(No te acuerdas de mí, comedia)
¡No fastidies tío! ¿Cómo que no te acuerdas de mí? Pero, si soy de aquí de toda la vida, lo pone hasta en mi carné de identidad. Estuve veinte años en Madrid, pero veinte años no es nada, lo dice esa canción tan antigua y famosa. Y digo yo, que será verdad, porque si no lo fuese, en tanto tiempo que tiene, ya se habría dado cuenta alguien y no la cantarían más.
Si yo iba a la clase de tu hermano pequeño cuando estaba en parvulitos. Era la que tenía el babí más chulo. De cuadritos rosas, como el de las demás, pero el mío tenía unos patitos bordados en el canesú. ¿No te acuerdas de lo que fardaba con él? Si yo fardaba mucho. Lo malo era cuando se me ensuciaba, que mi madre me lo echaba a lavar a traición mientras estaba durmiendo ¡La muy cochina! Y luego me tenía que poner el de repuesto, que no molaba nada, le faltaban los patos. Pero, en cuanto lo volvía a tener limpio, me lo ponía de nuevo y no me lo quitaba hasta la hora de dormir. Acuérdate que una vez en el recreo fuiste a llevarle el bocata a tu hermano y yo te di una chupada de mi polo de fresa.
¡No me puedo creer que no te acuerdes! Si cuando cumplí siete años te di dos caramelos a la salida y me diste dos besos. Así que te hiciste mi novio, porque como decían mis amigas cuando alguien que no es: ni amigo, ni compañero ni de la familia te da un beso es que es tu novio. Y dicen que el primer novio nunca se olvida, te puedes olvidar del segundo, del tercero, del cuarto, del quinto y de todos los demás, yo ya no me acuerdo de ninguno. Pero, del primero no me he olvidado aún, Y como no nos hemos enfadado nunca, pues todavía lo somos. Porque yo con tu hermano me he enfadado muchas veces, pero contigo ninguna. Es que tu hermano era un cochino, cuando yo me sacaba el chicle para ver lo largo que era siempre me lo quitaba y si tenía sabor se lo comía él, y si no lo tenía, me lo tiraba y lo pisaba. ¡Fíjate que mala idea! Porque a mí el chicle aunque no tuviese sabor me valía para hacer globos.
Cuando nos hicimos novios yo era muy vergonzosa, por eso salí corriendo. No porque se me hiciese tarde, aunque también, fue porque me puse colorada. Pero fíjate ahora ya no soy tan vergonzosa, me puedes morrear todo lo que quieras que no me da ninguna, ya podemos estar todo el día, toda la tarde, toda la noche: pinpán, pinpán, pinpán, que a mí no me avergüenza nada.
¿Ves como ya te acuerdas? Si lo dice todo el mundo, la primera novia nunca se olvida.