sábado, 5 de marzo de 2016

ITINERARIO DE SU VIDA

ITINERARIO DE SU VIDA
(A la memoria de mi madre)
BARREDOS: Génesis itinerante.
Juguetes y vestidos
llegados de ultramar.
Cambios de chocolate
Por anhelado Cabrales.
Pequeña danza infantil
Descalzada entre titiriteros.
Refranes, fabulas y novelas.
Aventajada  pequeña alumna
Enseñaba a grandes compañeros.
Risas, juegos, cine.
Carreras, hilvanes y patrones.
Beca hacía el porvenir
Que un polvorín truncó.
Disparos, guerra, separación.
Peligro inminente.
Trampolín hacia el futuro.
BARCELONA: Barco, Muertos, disparos.
Pasadizos entre Monasterios.
Teatro de Guiñol y boniatos.
 Estudios en Bellas Artes
Dibuja bodegones y modelos.
Solidaridad sin paz ni reposo.
Adiós a la guerra
Buscar nuevo horizonte.
FRANCIA: Liberté, égalité et fraternité.
Idioma, juegos, sonrisas,
Estudios, interprete, compras.
Moda, técnicas de cocina.
Añora seres queridos
Despedida  esperanzada.
VALLE DEL NALÓN;  Feliz reencuentro
Espolio en las pertenencias.
Fiestas, bailes y canciones.
Accidente inesperado
Larga recuperación.
Serenatas de orquesta.
Patrones, confecciones y costuras.
Voluntad superadora.
GIJÓN: Paseos por la playa
Descanso soleado.
Bromas, bordados, tertulias.
Frescas mariscadas.
LLANES: Playas y acantilados
Contagiosa euforia domadora
Caballos danzando sobre la mar.
Carnavales con divertidos disfraces.
Cartas de aviador.
Coplas y canciones.
Mariscos recién pescados.
Despedidas cariñosas.
LA VEGA: Prados y huerta
Confección y familia
Nace su pareja de traviesos.
Mucho trabajo, poco descanso.
MADRID: tardes de cines en doble sesión.
Nace su particular pareja de artistas
Dibujantes cantarines.
Domingos de juegos  de mesa,
aperitivos, cervezas y quinielas.
Hijos, alumnos impacientes,
Aprenden anticipadamente jugando
Sobre enormes pizarras que decoran.
Inspirada en alta costura
Envolvía de ensueño, brillos y fantasía 
A sus modelos favoritas.
CECEDA: Vuelta a sembrar
A caminar por los prados.
A reunir a la familia.
A descansar sin descanso.
A  cuidar en la distancia
Olvidando su cuidado.
LUGONES: Tardes de sidra y manís.
Sus primeras manifestaciones.
Fiestas y mercados.
El descanso merecido
Con regreso a la lectura, 
Crucigramas y paseos.
A las risas, a las bromas,
Los masajes y tertulias.
Al color y la alegría.
Al apacible despido
En el lugar deseado.

MAR CUETO ALLER


lunes, 15 de febrero de 2016

HAIKU A LA MEMORIA DE MI MADRE

HAIKU A LA MEMORIA DE MI MADRE


ÁNGELES ALLER
FLORES COCINA ARTE
MODA COLORES.


martes, 2 de febrero de 2016

LAS CASITAS DEL CAPITÁN CHOCOLATE Y LA CAPITANA BOMBONELA

LAS CASITAS DEL CAPITÁN CHOCOLATE Y LA CAPITANA BOMBONELA

Al padre de Luisito le gustaba hacer sus diseños de arquitectura en maquetas de chocolate. Así combinaba su trabajo con su afición favorita. Decía que de esa manera se inspiraba y siempre se le ocurrían mejoras interesantes. Por esa razón sus presentaciones resultaban muy originales y vistosas y a sus hijos les encantaba ayudarle a deshacerse de sus errores.
Aquella tarde tormentosa en que ni Luisito ni su hermana pudieron salir a jugar a la calle los rayos iluminaban los ventanales del salón. El espectáculo pirotécnico era excepcional pero nadie en la casa le prestaba atención. La madre conversaba con una amiga del club de lectura perdiendo la noción del tiempo y el padre leía el periódico a la vez que escuchaba los noticiarios para contrastar las noticias. Luisito después de cansarse de jugar con su consola se acercó a la mesa de las maquetas de chocolate. Empezó a jugar con sus muñecos americanos e indios y sin darse cuenta tropezó con una de las plantas que decoraban la dulce urbanización. Iba a decírselo a su papá cuando se lo pensó mejor y decidió comérsela. Seguro que no se notaría, pensó. Pero luego le pareció que quedaba un poco asimétrico el conjunto. Siguió degustando las deliciosas plantas y comprobó que los sabores y matices eran bastante diferentes. Unas piezas tenían un toque de vainilla, otras de menta o de fresa, de canela, de jengibre. De tantas variedades que ni siquiera sabía nombrarlas. Cuanto más las probaba más le tentaba seguir catando los diferentes y, a la vez, semejantes materiales. Como no podía evitar sus contenidas exclamaciones de placer su hermana Blanquita que pasaba por allí, al salir del baño, después de haber estado jugando a las cocinitas en su habitación. Se acercó a ver a que se debían.
-!Qué bueno! Yo también quiero. Dame un poco.
-¡No, no! Que nos van a regañar. Ya verás como se enfada papá.
-¿Y tú porqué te comes las casitas....? ¡Qué listo!. Yo también quiero....
-Yo solo me he comido las plantas y las barandillas de las terrazas. A lo mejor no se da cuenta.
-Pues yo me comeré las ventanas y las casitas de los perritos y así tampoco se dará cuenta.
-Bueno. Pero si se da cuenta de eso... la culpa será tuya. ¿Vale?
Siguieron golosamente mordisqueando por todos los sitios hasta que su padre que estaba sentado a pocos metros de distancia de espaldas a ellos, con el volumen de la televisión bastante alto, puso el grito en el cielo. Por un momento levantó la mano con intención de abofetearlos, pero se contuvo a tiempo y al reconocer que en parte era culpa suya decidió castigarles a comerse todas las maquetas por completo.
Al principio les parecía que el castigo era estupendo y que en realidad era un premio. Pero, antes de llegar a la mitad de las porciones que tenían que ingerir ya les dolía el estómago y suplicaban que les dejasen ya. Pero su padre fue implacable e insistió en que se cumpliese su mandato. Siguieron con la tarea a pesar del malestar cuando un rayo pareció penetrar por la ventana. Algo sorprendente sucedió en ese momento. Luisito que a sus ocho años era uno de los niños más pequeños de su clase, en un instante, se convirtió en un superhéroe de casi dos metros de estatura con grandes músculos y lo más sorprendente de todo era que al estornudar de su boca salían rayos de chocolate a modo de arma letal. Por su parte, su hermana Blanquita que también fue alcanzada por un rayo se convirtió también en una súper heroína casi tan grande como era ahora su hermano pese a tener seis años. Y de su poca salían bombones a modo de balas mortíferas.
-¡Mírame, ahora soy el Capitán Chocolate! Y lucharé contra los malos con mis rayos de chocolate.
-Y yo la Capitana Bombonela, que lucharé con mis balas de bombón. Pero no conocemos a ningún malo. ¿Contra quién lucharemos?
-¡No lo sé!. Creo que existen muchos malos, aunque no los conozcamos. Tendremos que esperar a conocerlos para poder luchar algún día contra ellos.


 

Mar Cuero Aller



sábado, 18 de abril de 2015

LOS TRES MOSQUETEROS DE LA AVIACIÓN

LOS TRES MOSQUETEROS DE LA AVIACIÓN
Daniela siempre había sido invencible jugando al "Strike Fighters". Solo su hermano Antón y sus primos Pablo y Armando conseguían ganarla. Mientras que Esteban cuando venía a jugar con ella, acompañando a sus hermanos mayores, siempre acababa derrotado. Aún así, no solía enfadarse, le divertía mucho ver como narraba muy animada las partidas tal como si fuese un locutor deportivo.
-¡Y la gran Daniela, avanzando por el suroeste, de un disparo certero deja kaos a sus terribles adversarios proclamándose vencedora absoluta!-Narraba con entusiasmo a la vez que levantaba los brazos victoriosa.
En cuanto llegó a su mayoría de edad y supo que estaban reclutando voluntarios, para la lejana guerra que su gobierno había declarado en tierras orientales, Antón con sus dos primos favoritos se alistaron en la aviación. A Daniela la hubiese gustado imitarles, pero ni su edad ni sus padres se lo hubiesen permitido jamás. Todos sabían lo impulsiva que era y se temían que se arriesgaría hasta la temeridad innecesariamente. Tuvo que contentarse con seguir estudiando y jugando con sus amigos y su primo Esteban cuando tenía tiempo. Él por su parte no poseía ni el más mínimo interés por seguir los pasos de sus hermanos mayores. Se consideraba pacifista y lo que más le gustaba era componer canciones revolucionarias contra el gobierno y el sistema. Desde que había aprendido a tocar la guitarra eléctrica se había juntado con unos amigos y de vez en cuando les contrataban para tocar en algún pub. Daniela iba a verle muchas veces con sus amigas a las actuaciones. Cuando terminaba el concierto siempre solía ir a celebrarlo con los demás componentes del grupo y en ocasiones se pasaban tomando demasiadas copas. Uno de sus amigos que estaba bastante celoso por la admiración que él despertaba entre las fans, aprovechando que ya había bebido demasiado y no estaba muy consciente de lo que hacía, le hizo firmar una solicitud para enrolarse en la aviación.
-¡No te lo vas a creer Daniela! El viernes el desgraciado del bajo me dio a firmar una solicitud para enrolarme en la aviación y ahora me han citado para el sábado que viene.
-¡Que loco estás! ¿Cómo pudiste firmar una cosa así? ¿Y ahora que vas a hacer?
-Pues pienso desertar. Porque ya avisé por teléfono de que había sido una broma y como necesitan reclutas me han dicho que nada de bromas que si no me presento que seré juzgado como desertor.
-Pues entonces tienes que presentarte si o sí. O te enchironarán de por vida.
-¡Imposible! Este sábado es el "Summer Stage Festival" en Central Park y no pienso faltar. Para mí sería como perderme el Festival de Woodstock. Si al menos fuese a partir del lunes,
puede que me lo pensase, pero este sábado no pienso ir ni aunque se presente la policía militar a suspender el concierto y me saquen a tiros o esposado.
Después de discutir durante más de dos horas. A Daniela se le ocurrió que podría ir ella durante esos dos días haciéndose pasar por él. Con la condición de que el lunes se presentase a ocupar su puesto y ella pudiese regresar a su casa. Su primo en principio pensó que era una idea muy descabellada y no estaba dispuesto a permitir que su prima se metiese en un peligro tan enorme por culpa suya. Pero al final casi se dejó convencer.
-¡Tú estás loca, tía! Nadie se creerá que eres un tío por mucho que te disfraces y que lleves mis papeles. Ni aunque te cortases tu larga melena. Tu cuerpo y tu cara son de mujer y no hay nada que lo pueda cambiar. Aparte de que no me da la gana de que arriesgues tu vida por mi culpa.
-Pero si no voy a arriesgar nada. No creo que los dos primeros días nos manden ya a guerrear. Seguro que se limitarán a enseñarnos el campamento y los barracones. Por el pelo no pasa nada, así cambio de look y luego ya me crecerá. Y, en cuanto al cuerpo, me pondré el disfraz de Superman de silicona bajo el uniforme y ya está.
-En cuanto te vean en las duchas ya verás la que se arma. Ahí verían que llevabas el cuerpo de silicona y no quiero ni pensar lo que podrían hacerte.
-No creo que haya problema, ya sabes lo que dicen: Antón, Pablo y Armando. Que el agua escasea tanto que no se pueden duchar casi nunca. Según cuentan, casi no tienen ni para beber o cocinar.
Siguieron discutiendo, pero al final, Daniela le convenció. Metió con imperdibles el bajo de los pantalones del uniforme y remangó las mangas de la camisa y la cazadora. Sacrificó su melena y tras disfrazarse casi daba el pego. Lo que peor llevaba era las botas, pues además de darla mucho calor, las tuvo que rellenar con pañuelos de papel para poder caminar con ellas.
Cuando Daniela llegó al campamento, entre un camión de reclutas, la estaban esperando su hermano y sus primos. Casi nadie reparaba en ella pues a su lado había varias mujeres voluntarias y despertaban más expectación entre los curiosos que habían ido a recibirlos.
-¿Vosotros veis lo que yo estoy viendo?-Dijo el hermano de Daniela, muy alarmado, a sus primos-Cuando vea al verdadero Esteban le voy a hacer picadillo.
-¡Mejor me lo dejas a mí!-Dijo Pablo-Qué le voy a dar yo su merecido cuando le pille. ¡Será desgraciado!
-Eso será si no le encuentro yo antes-Dijo muy enfadado Armando-Pero ahora, me parece que le voy a dar unos azotes a Daniela, pues seguro que ha sido idea de ella. Veremos a ver como podemos solucionar este entuerto.
En cuanto vio a sus familiares Daniela intentó disimular pasando de largo como si no les conociese. No la sirvió de nada, pues la agarraron de los brazos y la llevaron a las letrinas donde no había nadie en ese momento y allí la dijeron todo lo que pensaban sobre su presencia y lo furiosos que se sentían. Aunque, al final, prometieron ayudarla. La dijeron que tratarían de que nadie la gastase novatadas simulando que serían ellos quienes se encargasen de hacerlo. Así podrían protegerla y apartarla para que nadie se diese cuenta del cambiazo que se produciría el lunes cuando llegase Esteban.
No fue fácil para los llamados tres mosqueteros conseguir que les asignasen a ellos el supuesto cadete Esteban. Pero a fuerza se sobornos y de amenazas, cosas que en realidad detestaban utilizar, consiguieron su objetivo aun a riesgo de enturbiar la reputación de sus grandes principios. Como el agua seguía escaseando, las duchas se reservaron para los soldados que llevaban más tiempo en el campamento. Cuando llegó a aquél lugar Daniela ya era más de media tarde, aún así , a ella ese sábado se la hizo eterno.
Al día siguiente, hubo un gran revuelo en el campamento, las tropas enemigas fueron avistadas a poca distancia y a la vez estaban bombardeando en diferentes zonas del país. Nunca había sucedido que a los novatos se les enviara a bombardear sin antes ensayar con su "fighter jet bomber phantom airplane". Pero en este caso de alerta máxima se hizo una excepción y se envió la flota entera a diferentes misiones.
La excitación y el nerviosismo del momento impidieron que Daniela se diese cuenta del peligro que corría y en lugar de confesar su suplantación corrió a subirse en el avión de combate que la asignaron. En breves instantes, siguiendo las instrucciones de su comandante, se vio envuelta en una batalla mortal en la que no solo debía bombardear los poblados que diminutos se veían en la lejanía. Sino que a la vez, debía esquivar los bombarderos enemigos que trataban de aniquilarla y contraatacarles. El combate no duró ni siquiera media hora. Pero, fue el tiempo más intenso que recodaba haber vivido en toda su vida. Afortunadamente sus reflejos la ayudaron a evitar lo que podía haber sido un final desastroso y consiguió seguir las instrucciones que recibía mientras evitaba los constantes disparos con que la acosaban sus adversarios. Cuando cesaron de atacarla se sentía pletórica y con la adrenalina a tope. Jamás había disfrutado tanto jugando con su simulador de vuelo. Pero la alegría no duró mucho, se dio cuenta de que el motor había sido tocado y comenzaba a perder altura. Trató de solucionarlo accionando el panel de control desesperadamente. Todo fue en vano. Comprendió que no la quedaba más remedio que lanzarse en paracaídas. Nunca había hecho tal cosa. Por un momento casi se deja vencer por el pánico. Incluso llegó a gritar histéricamente. Pero, se armó
de valor y tras inspeccionar brevemente el paracaídas se lo puso y se lanzó al vacío. El aeroplano siguió su rumbo en solitario y al momento se vio como estallaba en llamas.
Daniela cayó entre los árboles cerca del poblado que entre ella y los demás aviadores de su pelotón habían destrozado. Todos los edificios estaban derruidos, a donde quiera que mirase solo se veían cadáveres, fogatas y una desagradable neblina gris y húmeda que lo envolvía todo. Al darse cuenta de que era culpable de tanta destrucción y tanta desolación no pudo reprimir un llanto amargo y desesperado que no solo la quemaba en la garganta. Además, la desgarraba el alma, la hacía desear volver atrás y recomponer todo lo que ya nadie podría reconstruir. Sentada junto a lo que en otro tiempo había sido un arbusto, replegada sobre si misma, oyó un llanto silencioso, lejano y ahogado. No, no era el suyo. Se levantó despacio, siguió buscando, y entre piedras, muertos y guijarros vio un pequeño que apenas tendría un año. Le encontró tan indefenso y asustado que le cogió en brazos tratando de consolarle y caminó durante horas hasta caer extenuada con él.
Cuando Daniela recobró el conocimiento estaba en el hospital militar. Su hermano Antón y Pablo estaban a su lado. Junto a ella se encontraba también el pequeño que había rescatado. Allí se enteró que no podría volver a estar en presencia de Armando nunca más. Pues había desaparecido dentro de su aeroplano ardiendo durante el combate.
-¡Esto es horrible!-Dijo Daniela-¿Os dais cuenta de lo que le estamos haciendo a esta pobre gente? ¡Quiero irme, me iré en cuanto pueda y me llevaré a este niño. Es lo único que puedo hacer por él después de haber matado a todos los suyos.
-No podrás llevártelo. No te lo permitirán. Lo que puedes hacer es tratar de mandarle ayuda humanitaria-dijo Antón.
En cuanto se sintió con fuerzas Daniela avisó a Esteban para que no viniese a tan horrible lugar. Su hermano le dijo que nadie le esperaba pues le dieron por muerto y que lo mejor que podía hacer era no involucrarse en semejantes matanzas. Aún después de oírles sus razonables consejos, Esteban insistió en presentarse en aquella zona, y así lo hizo. Pero no como combatiente, se unió a un grupo internacional de ayuda en acción, y comenzó su misión de ayudar a los nativos del lugar a curarse y a reconstruir sus hogares. Daniela por su parte, aunque tuvo que luchar contra la depresión que padecía por los remordimientos que la causaba el haber tomado parte en aquella carnicería, en cuanto recobró las fuerzas se unió al mismo grupo. Su mayor deseo era volver a encontrar a aquél niño que había rescatado de la masacre y que habían separado de ella en el hospital militar. Solo la idea de poder cuidarle e indemnizarle, de tanto dolor que había padecido, la daba un aliciente para seguir adelante. Se prometió a si misma que nunca volvería a su país ni descansaría hasta encontrarlo.

sábado, 21 de febrero de 2015

VENGANZA CIEGA

VENGANZA CIEGA


   Cuando las fiebres tifoideas apagaron la vida del benjamín de los Balqués Mandiez. El dolor les nubló la razón a todos sus familiares. Juraron y reiteraron en juramento que matarían al médico que le atendía y a toda su parentela. De nada sirvió que los vecinos y sus amistades tratasen de hacerles razonar sobre su total inocencia. Lo único que fueron capaces de impedir fue que le asesinasen al comunicarles la funesta noticia. Tanto el desolado padre como sus tres hijos varones desenvainaron al instante su espadín de cazoleta y lo blandieron al aire en dirección al inofensivo facultativo. De suerte que se hallaba presente el alguacil del distrito con dos de sus ayudantes y pusieron el grito en el cielo ante tal brutalidad. Aún así, no pudieron impedir que algún rasguño marcase la piel del sorprendido doctor.
   -¡Pardiez, Don Balqués, Os ruego que depongáis las armas e instéis a vuestros vástagos a que hagan lo propio con las suyas!-Ordenó tajante el alguacil.
    En aquella ocasión bajaron sus armas. Pero sus ojos llameantes de odio y sus palabras, masculladas entre dientes, dejaron bien claro que sus intenciones no eran las de olvidarse del asunto.
   -¡Pagarás por la muerte de mi hijo! Tú y toda tú familia moriréis por lo que le has hecho. No pararé hasta vengarme.
    -¡Que locura, no sois consciente de lo que decís! El muchacho fue aquejado de fiebres. No le he podido salvar. Debéis quemar todas sus ropas y sus pertenencias si no queréis sufrir su misma suerte-Se defendió el doctor.
    -¡Padre, matémosle ahora mismo! Merece la muerte por no haber curado al Vicentino. 
     -¡Ni se les ocurra tal infamia!-gritó el alguacil- A menos que deseen ir al calabozo por despojar a la vecindad de su ilustre doctor.
    A su pesar, los familiares del difunto postergaron su venganza para un momento más propicio. Aunque no pasaron ni tres días después del entierro cuando decidieron que aquello no se podía posponer más. Armados hasta en las botas irrumpieron en casa del médico dispuestos a no dejar con vida ni siquiera a las mozas del servicio doméstico. Al oír los gritos del jardinero y de las dos empleadas que fueron atravesadas por el filo de los espadines. El doctor y sus dos hijos varones acudieron con sus armas a defender su hogar de los asaltantes. Se batieron con toda la fuerza y habilidad de que fueron capaces. En medio del lance cayó herido el hijo mayor de Don Balqués. Era la primera vez que los hijos del médico se batían en duelo sangriento y cometieron el error de perdonarle la vida  a sus agresores. Al creer que se trataba de caballeros, no imaginaron que desde el suelo les clavarían la hoja cortante de sus empuñaduras en la  espalda, imaginaban que se rendirían ante sus derrotas. El padre no pudo resistir el dolor de ver la traición con que habían destruido la vida de sus hijos y bajó la guardia desolado. Al instante, fue atravesado por el cruel y despiadado adversario.
   Doña Matilde bajó gritando las escaleras para unirse a su esposo en un trágico y último abrazo en el que quedó ensartada junto a él. Los mismos pasos intentó seguir su hija Rosalinda, pero no se lo permitió su querida aya, que la llevó casi en volandas hasta la habitación más próxima. Resultó ser la de su hermano mayor y tras flanquear la puerta, con un gran arcón cerró con llave. Se dirigió a la cómoda para extraer de ella dos pares de calzas, camisas y sombreros y tras comprobar que a pesar de su corpulencia pudo embutirse en tales prendas. Comenzó a vestir de la misma manera a la desconsolada joven. 
    -¿Os habéis vuelto loca?- decía entre sollozos Rosalinda-No pienso disfrazarme así de ninguna manera.
    -¡Vaya que si lo haréis! Yo misma os vestiré así y nos escaparemos juntas de esos perros de satanás. No hay tiempo que perder. Nos deslizaremos desde el árbol que da al balcón y huiremos sin que se den cuenta.
    -¡Si, escaparemos juntas!-Dijo la muchacha recobrando sus fuerzas y su coraje- Y juro por Dios que vengaremos a mis padres y mis hermanos. Ninguno de sus asesinos dejaremos con vida.
    -¡Calla, hija mía! No blasfemes y reza para que no nos atrapen mientras nos deslizamos por las ramas hasta el seto y que no nos vea nadie.
    Para sorpresa de los asaltantes lograron escapar sin ser vistas al amparo de la luna nueva que las envolvía en la penumbra. cogieron dos caballos que los malhechores habían atado el la valla del jardín y desaparecieron al galope. 
     Con el tiempo, Rosalinda y su aya llegaron a instalarse en la casona que tenían sus padres en la serranía. Allí siguieron ocultando su personalidad y haciéndose pasar por dos primos lejanos de la familia que habían hecho fortuna en las Américas. 
    -¡Pero niña, ya va siendo hora de que volváis a vestiros como una señorita! Y de que todos los nobles de la ciudad puedan volver a admirar vuestra belleza-decía su aya-Así podréis matrimoniar con un buen mozo que os haga olvidar las desgracias padecidas.
    -¡Ni hablar! No volveremos a vestir de mujer hasta que no haya completado mis clases de esgrima ni haya vengado la muerte de mis padres y hermanos. Mientras sigas conmigo tendrás que guardarme el secreto.
     -¡Eso es una locura! Jamás seréis tan diestra ni tan astuta como esos indeseables.
    -¡No lo creas! Mi instructor dice que casi le estoy superando y que nunca había visto a nadie, que en un principio era tan torpe, progresar de un modo tan veloz. De ti sin embargo, dice que apenas ponéis interés y que si os vieseis inducido a una contienda lo mejor que harías es esconderos a tiempo.
    No solo se entrenó Rosalinda en el arte de la espadería también aprendió a manejar el trabuco y todo lo pertinente a la artillería. Pues su maestro Don Jerónimo de Carranza insistía en la necesidad de conocer incluso la Geometría y las Matemáticas para ser un buen espadachín. Aunque pensaba que difícilmente tendría ocasión de utilizar tales conocimientos contra sus despreciables adversarios no la quedó más remedio que adquirirlos. Cuando ya estaba lo suficiente entrenada como para poder medir su destreza dignamente con los mejores caballeros, discípulos de tan insigne noble andaluz, decidió urdir un plan para su esperada venganza. Visitó su querida ciudad y no pudo evitar que las lágrimas resbalasen de sus ojos. Aunque tuvo la satisfacción de comprobar que nadie la reconoció con sus nuevos atuendos. Además, mientras inspeccionaba las posesiones de sus despreciables enemigos, tuvo la suerte de coincidir con la única hija de los Balqués Mandiez una joven insulsa y poco agraciada de aproximadamente su misma edad. Que al momento quedó prendada del caballero que parecía ser Rosalinda.
    -¿A que se debe tanto honor, caballero?-Dijo la mujer corriendo en su dirección y alargando la mano para que se la besase el supuesto visitante.
    -¡Doña Elvirita, por favor...!-Exclamó escandalizada su dama de compañía!-No podéis dirigiros así a un desconocido.
    -¿Desde cuando sabes tú quienes son mis conocidos? Además para eso me estoy presentando, para que ya no lo sea. Soy Doña Elvirita Balqués Mandiez. Es un placer conocerlo señor Don...
     -Don Rodrigo de la Fuente para servirle bella dama-dijo la muchacha besando la mano que la habían tendido y que no había retirado aún la ruborizada dama.
    Desde ese momento, Rosalinda pudo visitar y campar a su antojo por las tierras y la mansión de sus enemigos. No era vista con muy buenos ojos por los hermanos y los padres de Doña Elvirita quienes la veían como a un Don Juan caza dotes. Pero nadie en su familia osaba oponerse a los caprichos de tan mimada y consentida joven. 
   La aya trató de disuadir a su pupila de la venganza que se proponía llevar a cavo. La quería como si fuese su hija y no se imaginaba que su vida tuviese otro sentido que el de cuidarla y protegerla. Por ese motivo, aún a su pesar, se hizo pasar por su viudo padre y empezó a entrenarse con todas sus fuerzas dispuesta a batirse en duelo con quienes fuese con tal de ayudarla  en cualesquiera que fuesen sus pesquisas.
     Pocas semanas después de conocer a su amado Don Rodrigo, los celos patológicos de Doña Elvirita la indujeron a tomar una precipitada decisión. Insistió en la necesidad de dar una gran fiesta para anunciar su compromiso sin que el joven en cuestión se lo hubiese propuesto. Al primer momento, Rosalinda quedó tan sorprendida que casi se atraganta cuando en mitad de la cena conoció las expectativas de su admiradora. Sin embargo, en cuanto se le pasó el acceso de tos, decidió que sería el momento perfecto para llevar a cabo su venganza.
     -¡Mi niña, que locura tan grande!-le dijo su aya cuando le comunicó la noticia-¿Pero no ves que son tres, contando al padre cuatro, contra vos? Y además son unos traidores, aunque pudieseis vencerlos os atravesarían por la espalda como a vuestros hermanos. Yo, sabes que moriría por ayudarte, pero me temo que poco podría hacer.
     -No os preocupéis, no moriréis. Pero si necesito vuestra colaboración. Me acompañareis vestida de mi tía. Esta vez usaré mis armas de mujer y necesito que me escondáis un paquete en vuestro miriñaque.
     -¡Dios Santo! ¿Qué os proponéis?
     -Ya lo veréis. Confiad en mí. Creo que la fiesta de pedida de Doña Elvirita será nuestra única ocasión de venganza. Luego tendremos que partir lo más lejos posible.
    Los días anteriores a la esperada celebración fueron como un torrente de actividad frenética para Rosalinda y su aya. Necesitaron proveerse de todo lo necesario para su nuevo cambio de identidad. Y no fue fácil conseguirlo dado que todas sus acciones requerían del más absoluto secreto. Aún así consiguieron su objetivo para la fecha señalada. Por su parte Doña Elvirita, también estuvo tan absorta en los preparativos para la fiesta, que no la acosó como solía hacerlo normalmente. 
     En cuanto apareció el supuesto Don Rodrigo acompañado de su supuesta tía Doña Eulalia de la Fuente, la anfitriona echó a correr en su dirección dejando al resto de sus invitados con la palabra en la boca.
      -Mi querido Don Rodrigo. ¿Cómo es que no me habíais hablado nunca de vuestra tía? ¿Y donde está vuestro padre? ¿Cómo habéis tardado tanto en venir?
    -Cuantas preguntas. Si me dejáis hablar os las contestaré a todas por turno. En primer lugar mi padre se haya indispuesto debido a un atracón de compota de ciruela. Y he de confesaros que me hallo casi en la misma situación que él. Pero aún así, no he querido perderme tan importante, para mi, festejo. Debido a lo cual creo que debo ausentarme por unos momentos. Mi querida tía me acompañará al jardín donde buscaremos discretamente donde aliviarme.
     -No es necesario, mis servidores os acompañaran a una de las salas vomitorio donde atenderán vuestra necesidades satisfactoriamente.
    -¿En serio? ¿Deseáis que vuestras jovencitas sirvientas sean quienes me atiendan, en lugar de mi tía quien me ocultaría discretamente en los jardines?
     -No, creo que vuestra propuesta es más conveniente-dijo mordiéndose los labios en señal de fastidio-pero os ruego que no tardéis, me muero de ganas de que todos sepan que seréis en breve mi futuro esposo.
     Rosalinda salió casi corriendo y arrastrando a su aya del brazo en dirección a los setos del palacete. Allí se cambió de ropa lo más rápido que pudo. A continuación se  cambió de peluca y de aspecto. En pocos minutos intentó volver a entrar al recibidor. No fue fácil conseguir que la dejasen volver a entrar. El guarda encargado de pregonar a las visitas se negaba a dejarla entrar si no le enseñaba su invitación. Después de porfiar e insistir frustradamente. La aya decidió intervenir mostrando su generoso escote y prometiendo que al terminar el baile le haría una visita.
    Cuando  Rosalinda fue anunciada todas las miradas se volvieron hacia ella. Quizás por ser la única de las mujeres a excepción de la servidumbre que vestía de color gris. O por los brillos y destellos que desprendía su ropaje al estar casi completamente bordado de perlas, diamantes y circonitas. Nadie refuljía con tanto esplendor. Hasta los músicos dejaron de tañer sus instrumentos impresionados con su belleza.
     -¿Quién es esa intrusa? ¿Cómo se  atreve a irrumpir así en mi fiesta?-Dijo Doña Elvirita furiosa-Que se vaya ahora mismo.
     -¿Estáis segura?- Dijo la aya interponiéndose entre las dos jóvenes-Sabed que Don Rodrigo ama a su prima Doña Marina como a una hermana y si la ofendéis tomará la ofensa como un insulto a su persona y puede ser que ya no desee pediros en compromiso. A no ser que sea un mal entendido y os disculpéis.
    -¡Oh, por supuesto que ha sido un malentendido! Como no voy a disculparme con tan encantadora dama. Si es el vivo retrato de su primo Don Rodrigo. La pido mis más sinceras disculpas.
    Al momento se acercaron varios muchachos con fines de invitar a bailar a Doña Marina. Ella los esquivó lo más sutilmente que pudo haciéndose la despistada hasta que el pequeño de los Balqués se acercó y la sacó a bailar empujando a sus admiradores.
    -Lo siento, pero no me encuentro muy bien para bailar. Sin embargo me encantaría salir a tomar el aire a uno de los balcones, donde no haya tanta concurrencia.
    El pequeño de los anfitriones sin pensarlo dos veces la hizo subir hasta su habitación, arriba en el tercer piso, donde había un pequeño balcón. Se dirigió rápidamente a la barandilla y al verle precipitarse sobre ella de modo brusco se giró hacía un lado. El ímpetu le hizo precipitarse por la barandilla pero no se hubiese llegado a estrellar la cabeza contra el pavimento de mármol si no le hubiese propinado un gran empujón la aya que les había seguido discretamente y no había encontrado ningún impedimento para introducirse en la habitación. 
    Tan pronto como llegaron a la sala de baile los invitados volvieron a intentar entablar conversación con la fulgurante dama. Ella volvió a esquivarles haciendo que le cayese el contenido de su copa sobre alguno de ellos o pegando un fuerte pisotón a otro de los desdichados. Solo le prestó atención al  mediano de los Balqués a quien le pidió que la acompañase a dar un paseo por los jardines, pues alegaba que la dolía la cabeza tanto como al hermano pequeño quien la había dejado para ir a descansar a su habitación.
    -¡Eso parece muy poco propio de mi hermano! Pero no os preocupéis, ha sido una suerte para vos, así podré enseñaros yo mismo en persona los jardines y la fuente del lago.
     Caminaron durante más de media hora y terminaron sentándose sobre la barandilla del lago. Rosalinda esperaba que fuese tan fácil desembarazarse de él como de su hermano pequeño, pero resultó más complicado. Cuando intentó besarla y ella se puso a apartarse, empujándole hacia abajó, él se percató de su jugada. Sacó un puñal de su cinto y se lo puso al cuello mientras intentaba conseguir su objetivo bien fuese por la de buenas o por la de malas. Estuvo a punto de lograrlo y lo hubiese conseguido de no ser por una oportuna espadachina que llegó justo a tiempo de ensartar su ancho cuello.
     -¡Esta es por mi querida Rosalinda! ¡Y estas otras por mis queridos chicos a los que traicioneramente atravesasteis por la espalda!
     Para evitar que nadie pudiese encontrar el cadáver lo tiraron al río con unas cuantas piedras metidas en sus bolsillos y en el forro de su capa. Luego volvieron, por separado, al salón de baile donde esperaban que la joven entablase conversación con el hermano mayor de Doña Elvirita.  Resultó complicado, pues se hallaba rodeado de varias mozas y no parecía sentirse impresionado por los brillos de la intrusa. Aún así, ella se fue acercando con varios de sus pretendientes y simulando torpeza tras torpeza se colocó a su lado solicitando que la volviese a acompañar al jardín si era tan amable. No se anduvo con miramientos y rechazó su oferta. Sabía muy bien que las mujeres solo se interesaban por su posición y no por su persona, y como ya la había visto con sus hermanos, no quiso incurrir en líos familiares. No era muy exigente y para él cualquier dama que se prestase a sus juegos era válida. Al ver Rosalinda su resistencia para caer en la red de sus encantos decidió cambiar de técnica. Le dijo que su primo Don Rodrigo le estaba esperando en la fuente del lago para contarle el secreto de por que se había ausentado de la fiesta. Esta vez si logró cautivar su interés. Era del dominio público que había salido del palacete y que no había regresado. Su nerviosa y desconsolada hermana había hecho participes a todos los presentes de sus dudas sobre la ausencia de su futuro prometido. Afortunadamente la aya que no tenía reparos en esconderse debajo de las mesas, tras los sillones, o los cortinajes, pudo oírla y prepararse para poder suministrarla sus ropas de caballero y sus armas.
    -¡Hija mía, estás segura de que deseas batirte! ¿No será mejor que lo volvamos a intentar seduciéndole? Ya sabéis lo traidor que es. Aunque le vencieseis tendríais que ser rápida y fulminarle para que no recurriese a sus sucias artimañas.
    -Vos estaréis presente. Si le vieseis recurrir a algún acto traicionero no dudo que tratareis de evitarlo.
     Cuando el mayor de los Balqués se dirigió a la fuente del lago no lo hizo en solitario. Se llevó junto a él a dos de sus compinches famosos por su destreza con la espada. Aunque no le sirvieron de mucha ayuda. Como iban en fila india para tantear el terreno al primero le echó la aya la zancadilla para que cayese en la zanja de un seto y allí le ató con las cuerdas que tenía preparadas, amordazando le bien fuerte para que no pudiese gritar cuando se despertase del golpe. Por su parte, Rosalinda se encargó de repetir la misma argucia con el rezagado acompañante encargado de espiar por si alguien les seguía. Ambas procuraron actuar con el mayor sigilo posible. El hijo de los Balqués oyó algunos ruidos que no supo interpretar y siguió tranquilamente hasta el lugar de la cita. Pensaba que sería cualquiera de los animalillos que paseaban por los jardines, tales como pavorreales, aves del paraíso, ardillas y demás habitantes decorativos del lugar. Confiaba que en el caso de  tratarse de una emboscada sus acompañantes caerían primero y él podría escaparse a tiempo. Esperó breves instantes y enseguida llegó Don Rodrigo. Apenas cruzaron palabras cuando empezaron a desenvainar las armas. Creyó que su adversario era un petrimete al que ensartaría en su primera estocada y se confió. No le sucedió igual a Rosalinda, quien enseguida le cruzó el brazo derecho lanzandole al suelo y acercándose a toda velocidad para rematar su jugada. Le hubiese derrotado al instante de no ser porque el mayor de los Balqués agarró un puñado de arena y se lo tiró a los ojos. La joven retrocedió maldiciendo y tratando de protegerse a ciegas de su traidor adversario. Él buscó su espadín de cazoleta que había caído lejos de él en el lance. Al ver que apenas se podía mover por haber sido herido en el brazo y en la pierna sacó su pequeña daga del cinto que se dispuso a lanzar a su contrincante antes de que pudiese limpiar sus ojos. Afortunadamente para Rosalinda su aya que presenciaba el combate entre los arbustos salió de su escondite a tiempo embistiendo con el filo de su largo espadín al corazón del traidor vencido.
     -Ahora que ya os habéis limpiado los ojos podéis vestiros y volver a  parecer una dama. Es el momento de salir corriendo de aquí para siempre y no volver nunca más.
    -¿Qué decís? Aún nos falta el peor, el que juró una y mil veces que mataría a todos los miembros de mi familia incluidas las mujeres y la servidumbre. No, solo me iré cuando él haya desaparecido para siempre.
    Siguieron discutiendo mientras se dirigían al palacete. Allí Doña Elvirita corrió a verlas con la cara toda congestionada por haberse pasado la tarde llorando, pero con una enorme sonrisa de alivio al ver que por fin aparecía su futuro prometido. Por más que pidió explicaciones no obtuvo nada a cambio. Rosalinda la pidió que tuviese paciencia y que le llamase a su padre para hacerle en privado la solicitud antes de publicarlo a todos los invitados. No tardó ni un minuto en buscar a su padre y dejar que se fuesen juntos al gabinete donde despachaba su correspondencia y sus negocios. Tan solo les acompañó la supuesta tía Doña Eulalia en nombre del padre de Don Rodrigo. Esta vez, no estaban dispuestas a emplear ningún arma, se limitaron a deslizar un sello con veneno en la copa del anfitrión mientras éste las invitaba a brindar con fingida alegría. Tardó más de lo previsto en hacer efecto. Y cuando le vieron perder definitivamente el conocimiento Rosalinda se disponía a brindar en voz muy alta festejando el que se terminase su venganza. Su aya la tapó la boca a tiempo, pues imaginaba que Doña Elvirita estaría escuchando detrás de la puerta y no se equivocó. Sigilosamente abrió de un gran portazo que azotó bruscamente a la espía contra el suelo perdiendo el conocimiento. Rosalinda dudó un instante en si debía rematar la faena y terminar con la última de la saga de los Basqués o no.. Su aya la cogió del brazo y se lo impidió. Estaba segura de que ella no tenía la culpa de la locura de su padre y sus hermanos y la parecía cruel arrebatarla la existencia solo por ser de esa familia. Rosalinda volvió a vestirse su brillante atuendo y salieron del lugar con la misma tranquilidad con la que comenzaban a hacerlo algunos de los invitados, pues nadie había presenciado los desenlaces que se desencadenaron en la supuesta petición de mano. Lo que si rumoreaban es que el tal Don Rodrigo no parecía muy dispuesto a querer comprometerse con la anfitriona.
    -¡Querida niña!-dijo la aya cuando se encontraban muy lejos del lugar de los hechos-Por fin podemos tirar los ropajes masculinos y ser unas damas para siempre.
    -¡De eso nada! Yo no pienso volver a comportarme como una dama. Es más divertido actuar como un varón. Pienso seguir vistiendo así y embarcarme hacía las Américas.

Mar Cueto Aller

FEBRERO BLANCO


FEBRERO BLANCO
FEBRERO BLANCO
DIVERTIDO,  TRISTE
LENTO, RÁPIDO
COLORIDO, GRIS
FEBRERO BLANCO
ESPERADO, TEMIDO
VARIADO MONÓTONO
FEBRERO BLANCO
CORTO E INTERMINABLE.


MAR CUETO ALLER

miércoles, 28 de enero de 2015

Lluvia de Enero

LLUVIA DE ENERO


Llueve en fabriles tejados
sobre la negra melé
 de octagonales paraguas
en el brillante limo
entre oficinas grises.
Llueve en el arcoiris
del refulgente acuoso
en la mojada tierra
de columpios vacios.
Llueve ante los colegios
con los mojados libros
los besos a escondidas
las risas apagadas.
Lueve y vuelan sombreros
las capas se arrevuelan
faldas danzan al aire
y silban de alegría.

MAR CUETO ALLER